Casino eslava. Se procede a una formalización de la envolvente de la caja de escaleras
El proyecto de reforma y acondicionamiento del edificio existente no se contempla como una mera obra de decoración de unos espacios que han quedado obsoletos en todos los sentidos. Bien al contrario requiere un previo análisis del mismo, conscientes de que vamos a actuar en un edificio concebido con intensidad arquitectónica. Y no me refiero precisamente a un análisis meramente estilístico (que también), sino a desentrañar las pautas que estuvieron detrás de una configuración espacio-funcional tan sorprendente y adecuada, más aun si se sitúa cronológicamente. La clave del diseño del planteamiento espacial parece estar originariamente en la inteligente resolución de un problema funcional: acomodar un edificio para el ocio y la diversión en una planta de dimensiones reducidas. Esto supone un aparente oximorón, puesto que las dimensiones de la planta obligan a un desarrollo en altura de la edificación, mientras que el uso previsto demandaría amplios salones. La solución que Víctor Eusa proyecta en los años ’20 es una secuencia de espacios fluídos en vertical conectados por medio de una particular escalera. Sin duda la escalera se convierte en el protagonista y la clave sin la cual la propuesta no tendría sentido, gracias a la conjunción de un diseño cuidado hasta el más mínimo detalle y una excelente construcción. Los salones de planta se abren generosamente a la escalera, de manera que el ascenso se convierte en una experiencia cinética en la que las plantas emergen sucesivamente según se discurre por la misma. Todo en ella sugiere dinamismo y tensión ascensional, de planta ovalada se configura como una cinta helicoidal que asciende resbalando tangencialmente a dos pilares circulares centrales que le dan soporte. La losa es de zanca partida y emerge en vuelo desde un nervio central lo que aporta ligereza y recalca el dinamismo del conjunto. La levedad es consecuencia de la conjunción de dos factores: un afinado cálculo estructural y una excelente construcción. Especialmente brillante, y dinámico una vez más, es la transición de planta ovalada a circular que se produce en la última planta como anuncio del final del edificio que se remata en una linterna cilíndrica que da acceso a la terraza superior. Este análisis previo arroja las claves que orientan la actuación en el edificio: por una parte respetar, recuperar y, si es posible, realzar la concepción espacial original del edificio como sucesión de espacios fluidos encadenados verticalmente mediante la singular escalera; por otra complementarlo con lo que para nosotros es el necesario alter ego de ésta: los paneles decorativos de planta. El paso del tiempo con su devenir había generado pequeñas actuaciones de reforma de las condiciones espaciales originales del edificio, la mayor parte de las cuales pretendían el cierre de las estancias de planta respecto de la escalera supuestamente con el objeto de mejorar las condiciones térmicas del local, o bien segregarlo del resto por cuestiones de uso. Estas actuaciones se habían llevado a cabo de manera improvisada, aparentemente sin tener en cuenta otras cuestiones que la mera funcionalidad. Como primera acción se propuso eliminar los elementos de compartimentación añadidos, no sin antes tomar adecuada nota del motivo que los había originado. Con objeto de realzar el elemento que consideramos crucial en el edificio -la escalera- se procede a una formalización rotunda de la envolvente de la caja de escaleras al inscribirla en un prisma de planta rectangular del que se prescinde de su lado en contacto con los salones, de esta forma se subraya la unidad, se le dota de compacidad y aumenta la componente ascensional apoyada en la pureza geométrica de la envolvente. Consecuencia de este rigor geométrico, el alzado de la escalera queda perfectamente enmarcado en su vista desde los salones mediante los pilares de los extremos y los planos de suelo y techo. Este efecto se potencia mediante la colocación de una mampara de vidrio colocada flotando exenta entre la escalera y el observador, por efecto del vidrio interpuesto el objeto se cualifica y cosifica, ya no estamos ante la escalera física tanto como ante la imagen de la escalera, la dota de irrealidad. El rectángulo de vidrio repite y por lo tanto subraya el encuadre que ya la albañilería había aportado. En ese camino que roza lo surreal, unos enormes telones de terciopelo negro asociados a la mampara de vidrio, añaden un toque de teatralidad al conjunto. La posición del vidrio remetido invadiendo el espacio del salón valora la escalera permitiéndola respirar, al tiempo que evita que aparezcan en el alzado desde el salón las inevitables puertas que habrían aportado realidad y una escala no deseadas. Al mismo tiempo el sistema obliga a la persona a incorporarse al espacio del salón de la manera deseada: resbalando tangencialmente, para acceder de manera sesgada y pautada. Pero hasta ahora podría decirse que nada se ha aportado (en el sentido de diseñado), tan solo ha actuado la percepción y el análisis de las preexistencias. Sin embargo sí se detecta un déficit que previamente se ha adelantado tímidamente. Estudiando la planta tipo del edificio se aprecia que el rectángulo que encierra el salón tiene “activos” tres de sus cuatro lados: dos de ellos por constituir fachadas que interactúan con espacios urbanos singulares y además estar enfrentados entre sí. Y el tercero por presentar la conexión espacial con la escalera con las connotaciones antes explicadas. Pero tanta intensidad arquitectónica queda sin respuesta en el edificio original y en nuestra opinión requiere un alter ego, por que: - ápticamente generan tensión visual y se convierten en reclamo en la trayectoria ascensional. - semánticamente explican la función asignada al salón y consecuentemente lo personalizan colaborando a la orientación en el edificio. - funcionalmente resuelven las necesidades concretas derivadas del uso asignado a la planta. El objetivo fundamental es obtener el máximo partido de la concepción original del edificio y cualificarlo en esa dirección de manera que el edificio se convierta en paisaje y el movimiento en su interior adquiera una cualidad que convierta el acto meramente funcional de desplazarse entre dos puntos, en paseo según la acepción acuñada por Le Corbusier para describir la circulación en alguno de sus proyectos más célebres.
Enrique, Kahle, Arquitectura, Bar, Casino Eslava, Diseño, Interior, Hostelería, Pamplona
21821
single,single-portfolio_page,postid-21821,ajax_fade,page_not_loaded,,select-theme-ver-3.1,vertical_menu_enabled,paspartu_enabled,side_area_uncovered,wpb-js-composer js-comp-ver-4.12.1,vc_responsive

Casino Eslava

El proyecto de reforma y acondicionamiento del edificio existente no se contempla como una mera obra de decoración de unos espacios que han quedado obsoletos en todos los sentidos. Bien al contrario requiere un previo análisis del mismo, conscientes de que vamos a actuar en un edificio concebido con intensidad arquitectónica. Y no me refiero precisamente a un análisis meramente estilístico (que también), sino a desentrañar las pautas que estuvieron detrás de una configuración espacio-funcional tan sorprendente y adecuada, más aun si se sitúa cronológicamente.

La clave del diseño del planteamiento espacial parece estar originariamente en la inteligente resolución de un problema funcional: acomodar un edificio para el ocio y la diversión en una planta de dimensiones reducidas. Esto supone un aparente oximorón, puesto que las dimensiones de la planta obligan a un desarrollo en altura de la edificación, mientras que el uso previsto demandaría amplios salones. La solución que Víctor Eusa proyecta en los años ’20 es una secuencia de espacios fluídos en vertical conectados por medio de una particular escalera.

Sin duda la escalera se convierte en el protagonista y la clave sin la cual la propuesta no tendría sentido, gracias a la conjunción de un diseño cuidado hasta el más mínimo detalle y una excelente construcción. Los salones de planta se abren generosamente a la escalera, de manera que el ascenso se convierte en una experiencia cinética en la que las plantas emergen sucesivamente según se discurre por la misma. Todo en ella sugiere dinamismo y tensión ascensional, de planta ovalada se configura como una cinta helicoidal que asciende resbalando tangencialmente a dos pilares circulares centrales que le dan soporte. La losa es de zanca partida y emerge en vuelo desde un nervio central lo que aporta ligereza y recalca el dinamismo del conjunto. La levedad es consecuencia de la conjunción de dos factores: un afinado cálculo estructural y una excelente construcción. Especialmente brillante, y dinámico una vez más, es la transición de planta ovalada a circular que se produce en la última planta como anuncio del final del edificio que se remata en una linterna cilíndrica que da acceso a la terraza superior.

Este análisis previo arroja las claves que orientan la actuación en el edificio: por una parte respetar, recuperar y, si es posible, realzar la concepción espacial original del edificio como sucesión de espacios fluidos encadenados verticalmente mediante la singular escalera; por otra complementarlo con lo que para nosotros es el necesario alter ego de ésta: los paneles decorativos de planta.

El paso del tiempo con su devenir había generado pequeñas actuaciones de reforma de las condiciones espaciales originales del edificio, la mayor parte de las cuales pretendían el cierre de las estancias de planta respecto de la escalera supuestamente con el objeto de mejorar las condiciones térmicas del local, o bien segregarlo del resto por cuestiones de uso. Estas actuaciones se habían llevado a cabo de manera improvisada, aparentemente sin tener en cuenta otras cuestiones que la mera funcionalidad. Como primera acción se propuso eliminar los elementos de compartimentación añadidos, no sin antes tomar adecuada nota del motivo que los había originado.

Con objeto de realzar el elemento que consideramos crucial en el edificio -la escalera- se procede a una formalización rotunda de la envolvente de la caja de escaleras al inscribirla en un prisma de planta rectangular del que se prescinde de su lado en contacto con los salones, de esta forma se subraya la unidad, se le dota de compacidad y aumenta la componente ascensional apoyada en la pureza geométrica de la envolvente. Consecuencia de este rigor geométrico, el alzado de la escalera queda perfectamente enmarcado en su vista desde los salones mediante los pilares de los extremos y los planos de suelo y techo. Este efecto se potencia mediante la colocación de una mampara de vidrio colocada flotando exenta entre la escalera y el observador, por efecto del vidrio interpuesto el objeto se cualifica y cosifica, ya no estamos ante la escalera física tanto como ante la imagen de la escalera, la dota de irrealidad. El rectángulo de vidrio repite y por lo tanto subraya el encuadre que ya la albañilería había aportado. En ese camino que roza lo surreal, unos enormes telones de terciopelo negro asociados a la mampara de vidrio, añaden un toque de teatralidad al conjunto. La posición del vidrio remetido invadiendo el espacio del salón valora la escalera permitiéndola respirar, al tiempo que evita que aparezcan en el alzado desde el salón las inevitables puertas que habrían aportado realidad y una escala no deseadas. Al mismo tiempo el sistema obliga a la persona a incorporarse al espacio del salón de la manera deseada: resbalando tangencialmente, para acceder de manera sesgada y pautada.

Pero hasta ahora podría decirse que nada se ha aportado (en el sentido de diseñado), tan solo ha actuado la percepción y el análisis de las preexistencias. Sin embargo sí se detecta un déficit que previamente se ha adelantado tímidamente. Estudiando la planta tipo del edificio se aprecia que el rectángulo que encierra el salón tiene “activos” tres de sus cuatro lados: dos de ellos por constituir fachadas que interactúan con espacios urbanos singulares y además estar enfrentados entre sí. Y el tercero por presentar la conexión espacial con la escalera con las connotaciones antes explicadas. Pero tanta intensidad arquitectónica queda sin respuesta en el edificio original y en nuestra opinión requiere un alter ego, por que:

– ápticamente generan tensión visual y se convierten en reclamo en la trayectoria ascensional.

– semánticamente explican la función asignada al salón y consecuentemente lo personalizan colaborando a la orientación en el edificio.

– funcionalmente resuelven las necesidades concretas derivadas del uso asignado a la planta.

 

El objetivo fundamental es obtener el máximo partido de la concepción original del edificio y cualificarlo en esa dirección de manera que el edificio se convierta en paisaje y el movimiento en su interior adquiera una cualidad que convierta el acto meramente funcional de desplazarse entre dos puntos, en paseo según la acepción acuñada por Le Corbusier para describir la circulación en alguno de sus proyectos más célebres.

Año 2007

Cliente Nuevo Casino Eslava

Categoría Hostelería

Publicado en “Formas”, “Diseño Interior”

Premio Seleccionado en la categoría Pleasures de los premios WAF World Architecture Festival 09